La Educación en estos
tiempos debe ser un proceso constructivo y activo donde se implementen
estrategias eficientes que busquen la formación de seres integrales, donde se
respeten y se den soluciones a sus problemas, con empatía y amor, en lugar actuar
perjudicialmente en contra del estudiante, generando desmotivación en su
proceso de mejoramiento personal.
La participación en este
proceso debe ser tanto de padres como de las personas que interactúan con el
estudiante en el aula de clase, quienes, DEBEN compartir con imparcialidad y
sin prejuicios, su conocimiento profesional para crear personas, no perfilarlas
con difamación, en secreto o en público, dentro o fuera de la institución; y
más aún cuando se labora en una entidad gubernamental, en donde miles de
ciudadanos mayores de edad en su legítimo derecho al voto, elegimos
a nuestros gobernantes quienes depositaron su confianza en ustedes, profesionales
idóneos de la educación, para que mejoraran la calidad académica y personal de
quienes reciben el servicio educativo, que todos los colombianos, desde el más
humilde hasta el más pudiente está costeando con el pago puntual de los
impuestos, esperando mejoras y avances para construir una sociedad en paz y
progreso.
Si un estudiante tuviese
problemas que afecten su desarrollo como ser humano partícipe de una comunidad,
lo lógico es que la comunidad educativa (con mayor razón, si es pública) lo
respalde en su proceso de reparación en vez de calificarlo peyorativamente o
ventilar ante terceros su vida, faltando a la ética profesional del respeto a
la privacidad de la historia clínica de un paciente, a menos que su
comportamiento afecte contundente y verídicamente el bienestar y la paz de la
sociedad.
Es muy fácil lanzar juicios
a los seres humanos sin antes saber lo que han vivido, conocer lo que piensan y
lo que pueden llegar a sentir.
Sólo pido a Dios que
bendiga a todo el personal que orienta y forma a nuestros estudiantes con:
Empatía para asumir y comprender los
problemas de otros.
Sabiduría
para actuar con prudencia y e idear estrategias que alcancen resultados
constructivos en las vidas de quienes participan en la comunidad.
Carisma para interactuar pacíficamente
con seres humanos, logrando mejorar sus condiciones de vida para alcanzar sus
metas académicas y personales.
Con la presente, quiero hacer un llamado a la reflexión para que los profesionales en quien deposito la confianza revisen y cambien su manera de actuar a la hora de
referirse o tratar a cualquier ser humano, independiente de su condición o
grado de subordinación.
Pensemos ahora y sigamos el boom de un proceso de
paz, el cual no depende de lo que se logre en el extranjero, sino de lo que se
pueda alcanzar desde un pequeño espacio llamado colegio o aula de clase, y de
allí se difunda al hogar y de este se exporte a la sociedad.
Que la frase citada a la
entrada de alguna institución educativa pública que visité y relata: “LA JUSTICIA CONSISTE EN RECONOCER, RESPETAR Y
HACER VALER LOS DERECHOS”, no sea solo letras de una hoja impresa de la
cartelera del colegio, sino que se aplique en todas las acciones dentro y fuera
de la institución.
Esperamos que de aquí en
adelante vivamos en los colegios ambientes de paz, respeto y cordialidad, donde
todo sea tratado con prudencia, diálogo, empatía y sinceridad.
¡Gracias por leerme!